Descendiendo al infierno con "Temporada de huracanes"de Fernanda Melchor

 

¿Quiere alguien seguir hablando de este libro, ya a siete años de su publicación? ¡Porque yo sí!

Sin comas ni puntos ni descanso alguno, "Temporada de huracanes" de la mexicana Fernanda Melchor te quita el aliento hasta asfixiarte. Este libro fue publicado en 2017 por Random House, pero yo lo leí recién por el 2021. La verdad tenía muchas expectativas porque había investigado sobre la autora, y se repetía mucho que era una de las promesas de la literatura latinoamericana contemporánea (spoiler: no decepcionó). Cuando empecé a leerlo me llamó la atención la forma en que estaba escrito, y luego me di cuenta de que justamente ese es uno de los grandes valores y aportes del título: una furiosa prosa que denuncia la violencia y la miseria, obligándonos a mirar lo más bajo de nuestra sociedad.

 Un grupo de niños encuentra un cadáver flotando en las aguas turbias de un canal de riego cercano a la ranchería de La Matosa. El cuerpo resulta ser de la Bruja, una mujer que heredó dicho oficio de su madre fallecida, y a quienes los pobladores de esa zona rural respetaban y temían. Tras el macabro hallazgo, las sospechas y habladurías recaerán sobre un grupo de muchachos del pueblo, a quienes días antes una vecina vio mientras huían de casa de la hechicera, cargando lo que parecía ser un cuerpo inerte (contratapa de "Temporada de huracanes").

La historia se centra en el femicidio de la Bruja, ocurrido en un pequeño pueblo ficticio de espíritu colonial: campesino, ignorante y religioso, La Matosa se vuelve el sórdido escenario de una muerte contada por rumores, pues Fernanda Melchor crea una polifonía que nos permite conocer el testimonio de cada uno de los personajes de este crimen. A través de estas voces conocemos los espacios y tiempos del pueblo, y poco a poco vamos horrorizándonos de sus habitantes y las costumbres, conductas y dinámicas en las (sobre)viven. Creo que lo más inquietante es descubrir al final que, pese a estar en pleno siglo XXI y que todo este escenario es inventado, cualquier persona de Latinoamérica puede reconocer en su propia experiencia a estos personajes.

En resumen, la Bruja realizaba trabajos para los habitantes del pueblo a cambio de favores sexuales de los hombres, pero también le realizaba abortos a las mujeres. Esta reputación, además de un aspecto físico ambiguo, hizo que se ganara más de un enemigo en nombre de la iglesia y dios. Su asesinato es desencadenado luego de ayudar a Norma, una chica de 13 años que llegó a La Matosa escapando de su padrastro, quien abusó de ella y la dejó embarazada. Sola y desamparada, Norma fue recogida de la plaza del pueblo por Maurilio (apodado Luismi por su abuela), un chico drogadicto y alcohólico que mantiene una relación secreta con un hombre que le pagaba por sexo. Luego del aborto y que Norma casi muriera de una hemorragia, Brando, amigo de Luismi, le propone a éste mismo ir a la casa de la Bruja a robar un supuesto tesoro para por fin poder escapar de La Matosa. Luismi, obsesionado con la idea de que el aborto de Norma fue causado por la Bruja, accede e invita a su padrastro Munra a este encuentro. Ya en casa de la Bruja, la asesinan, pero no encuentran nada de valor. Al tratar de deshacerse del cuerpo, el trío es visto por Yessenia, prima de Luismi, quien los denuncia a la policía.

La extrema pobreza, falta de educación, machismo y profundo catolicismo son las estructuras que sostienen este relato, y de las cuales se desprenden otros fenómenos típicos de nuestra región: familias disfuncionales, abandono de las instituciones públicas, explotación de recursos naturales, vivir bajo una moral castradora. Toda esta violencia sistémica se ve reflejada en la violencia de los personajes. Recuerdo estar en la micro (transporte público) sentada al lado de un señor mayor, leyendo una escena especialmente CRUDA de Luismi, y solo pensaba "por favor, que el caballero no se ponga a leer conmigo" jajajaja.

Otro punto muy interesante es que este libro logra retratar más íntimamente la desolación de la juventud del pueblo, atrapada en un pequeño infierno, sin ningún futuro posible; y enlazarla con un erotismo oscuro, hasta sucio, que a mi parecer se ve opacado por la misoginia y la homofobia. La figura mágica pero abyecta de la Bruja personifica este deseo castigado pero profundamente pasional, que termina convirtiéndose en algo incómodo y pecaminoso. Tampoco hay que olvidar la amistad homoerótica entre Luismi y Brando, también ligada a la religión por el background católico de Brando, quien lucha contra ese deseo hacia su amigo, orillándolo hasta el odio.

"Temporada de huracanes" es también una novela 100% mexicana. Es una conversación en sus códigos, coloquial, no hay nada refinado ni rebuscado en el lenguaje. Eso me gustó mucho también, le daba humanidad a los personajes, una voz específica y creíble, cada uno con sus expresiones en el abanico de lo mexicano. Siento que, de hecho, el lenguaje es un personaje más, te mueves en la historia a través de él, te extrañas, incomodas, impresionas y lloras, hasta hundirte en toda la pudrición social que se esconde debajo del crimen.

Quería mucho hablar de este libro porque es de mis favoritos de los últimos años, y espero poder leer más de Fernanda Melchor pronto. Una última cita que engloba, a mi parecer, el sentido último de la novela:

El viento cruzaba la llanura y revolvía las hojas de los almendros en las copas y formaba remolinos de arena entre las tumbas distantes. Ya viene el agua, les contó el Abuelo a los muertos, mientras contemplaba con alivio las nubes gordas que tupían el cielo. Bendito sea, ya viene el agua, repitió, pero ustedes no teman. Un goterón solitario cayó sobre la mano que empuñaba la pala. El Abuelo se acercó el dorso a la boca para lamer la dulzura de la primera lluvia de la temporada. Había que apurarse, terminar de cubrir los cuerpos, primero con una capa de cal y luego con otra de arena, antes de que cayera el aguacero, y luego colocar la malla de gallinero sobre la fosa, y las piedras encima para que los perros sin dueño no vinieran a desenterrar los cuerpos en la noche. Pero ustedes tranquilos, siguió diciéndoles, en un murmullo que apenas era más alto que un ronroneo. Ustedes no teman ni desesperen, quédense ahí tranquilitos. El cielo se encendió con la lumbre de un rayo, y un estruendo sordo sacudió la tierra. El agua no puede hacerles nada ya y lo oscuro no dura pa' siempre. ¿Ya vieron? ¿La luz que brilla a lo lejos? ¿La lucecita aquella que parece estrella? Para allá tienen que irse, les explicó; para allá está la salida de este agujero (páginas 221-222).


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